
En la actualidad, una de las mayores dificultades a las que se enfrentan las organizaciones es la de convertir el conocimiento individual de cada empleado en conocimiento organizacional innovador. Cuando se utiliza de manera estructurada y estratégica, este conocimiento puede contribuir a crear una cultura empresarial saludable y colaborativa, lo que a su vez mejora el proceso de toma de decisiones, aumenta el patrimonio intelectual y fortalece de manera continua el capital humano de la empresa.

Es importante destacar que la gestión del conocimiento ha pasado de ser simplemente un factor de producción a convertirse en un elemento indispensable para las organizaciones. Al fomentar el desarrollo de nuevas tecnologías, metodologías y estrategias, la gestión del conocimiento puede generar ventajas competitivas en el mercado. Esto permite tanto a la empresa como a la alta gerencia asumir nuevos retos y comprender la importancia de ejecutar programas de formación y actualización del personal, así como tener una visión más amplia de las relaciones interpersonales y su papel en el intercambio de conocimientos
Para ahondar en la relación entre el conocimiento y la acción, es necesario analizar los enfoques de la Gestión del Conocimiento presentados en el libro "Gestión del Conocimiento y la Competitividad", que se dividen en dos perspectivas:
Enfoque tecnológico o perspectiva funcionalista:
Este enfoque considera que el conocimiento es potencialmente tangible y adopta una visión científica asociada con los hechos y las leyes racionales. Su objetivo es capturar, almacenar y compartir el conocimiento de los individuos para facilitar su asimilación.
Este enfoque cuenta con tres modelos:
a) Conocimiento como acceso a la información.
b) Modelos de capital intelectual.
c) Modelos de categorización del conocimiento.
Enfoque social o perspectiva interpretativa:
Este enfoque tiene una definición más amplia, ya que considera que el conocimiento no puede estar separado de la experiencia humana o de la práctica social. A diferencia del enfoque tecnológico, para esta perspectiva, la tecnología no es un simple procesador, sino que actúa como apoyo o complemento a las estructuras sociales, a las comunidades prácticas y a las relaciones sociales en las que se gestiona y construye el conocimiento.
En resumen, mientras que el enfoque tecnológico se centra en la captura, almacenamiento y compartición del conocimiento de los individuos de manera racional, el enfoque social enfatiza la importancia de la experiencia humana y la práctica social en la gestión y construcción del conocimiento.
Veamos algunos ejemplos:
Un ejemplo de enfoque social o perspectiva interpretativa en la gestión del conocimiento podría ser una empresa que fomente la colaboración y el intercambio de conocimiento entre sus empleados. En lugar de simplemente capturar y almacenar información en bases de datos o sistemas de gestión del conocimiento, la empresa podría enfocarse en crear espacios de trabajo colaborativos, donde los empleados compartan su experiencia y conocimientos de manera informal, a través de la interacción diaria y el trabajo en equipo.
Por ejemplo, en una empresa de software, los desarrolladores podrían trabajar en un espacio abierto y colaborativo, donde compartan ideas y soluciones a los desafíos técnicos que enfrentan en su trabajo diario. De esta manera, el conocimiento se crea y se comparte de manera más fluida y se integra en la práctica social de la empresa, en lugar de ser visto como algo separado y científico. Este enfoque puede fomentar una cultura de colaboración y aprendizaje continuo, que a su vez puede mejorar la innovación y la competitividad de la empresa.
Referencias
Baiget, J. y Baiget, J. (2016). Gestión del conocimiento y competitividad. EUNSA. https://elibro.net/es/ereader/uniminuto/47285?page=95
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